viernes, 20 de enero de 2017

LAS REDES SOCIALES: La sobreexposición y la imagen



Resultado de imagen de redes sociales



Existe un sinfín de literatura en torno a las redes sociales. Sin duda, son un excelente medio de comunicación y tiene grandes bondades, pero también entrañan peligros y otros aspectos a tener en cuenta.

Hay personas que sienten la necesidad de exponerse constantemente al mundo. Prácticamente todo lo que viven lo publican, bien sea en imágenes o mediante comentarios. Unos buscan sólo compartir, otros exhibirse. 

Cuando sentimos esa necesidad de publicar fotos o estados, hay que analizar muy bien qué pretendemos. No es oro todo lo que reluce y no siempre esas imágenes de felicidad se corresponden con la realidad. Entonces es cuando aparecen aspectos como la negación, la necesidad de reconocimiento, de aprobación, de admiración, la envidia.... Hay personas que lo hacen a modo de autoterapia. Son las que necesitan sacar lo que llevan dentro y utilizan las redes sociales como sustituto del ya viejo diario.

Exponernos constantemente en las redes sociales conlleva también aceptar esos comentarios (no siempre bienintencionados ni constructivos) y asumir la imagen que estamos proyectando, que no siempre coincide, insisto, ni con la realidad, ni con la que queremos proyectar.

En selección de recursos humanos siempre se hacen búsquedas por internet para saber eso que la persona no nos cuenta. Yo puedo indicar en mi currículum que mi principal afición es la lectura, por ejemplo,  pero si todas mis publicaciones son de fiestas, por ejemplo, difícilmente convenceré a quien no me conoce. Por supuesto que compartir un momento agradable es algo bueno y positivo. El exceso es lo que debería hacernos pensar. 

Otras veces, se utilizan las redes para dirigir mensajes a determinada/s persona/s. Ahí es donde empiezan muchos conflictos. La comunicación más sana y positiva es la directa y tanto para declarar amor como para criticar, resulta mucho más efectivo hablar, en privado, directamente con esa persona. Si no está en mi vida, si no me interesa como amigo/a o pareja, ¿para qué seguir teniéndola presente constantemente? Si la quiero mucho, ¿necesito que lo sepa todo el mundo? ¿necesito publicarlo? Si es así, ¿por qué?

Cuando utilicemos las redes sociales, parémonos un momento para preguntarnos ¿por qué queremos publicar? ¿no me importa que cualquiera vea o lea esto?  Si son mis fotos ¿es para que los demás vean que estoy estupendo/a? ¿es para que me admiren? ¿es para buscar la aprobación? ¿es para exhibirme? ¿es para despertar envidias? ¿es para fastidiar a alguien? Si son mis pensamientos, ¿es para compartir lo que pienso? ¿por si puedo ayudar? ¿para fomentar la polémica? ¿para criticar a alguien? ¿para lanzar un mensaje oculto a alguna persona? ¿para informar? ¿para sacar una sonrisa? ¿como autoterapia?

Esas motivaciones, que sólo uno sabe, son las que debemos analizar antes de publicar. Tal vez, tomándonos un momento, algunas de las publicaciones no lleguen a término o se modifiquen. 




miércoles, 13 de abril de 2016

MITOMANÍA: MENTIR POR MENTIR





La mitomanía o el impulso de mentir es una conducta que altera mucho tanto a quien lo parece como a sus relaciones personales.

El mitómano miente por sistema, sin pensar en las consecuencias o la magnitud de sus mentiras. Llega, incluso, a creer sus propias mentiras y a veces le cuesta distinguir la realidad de su ficción. 

Suele costar descubrir al mentiroso compulsivo porque suele ser una persona que habla con convicción, con seguridad. Es manipulador, sabe actuar y su habilidad verbal es buena. Cuentan diferentes versiones del mismo hecho a distintas personas y también a la misma persona. No suele reconocer su problema hasta que las consecuencias se le van de las manos. Tiende a cambiar de tema pero tiene predilección por hablar de sí mismo. 

En su discurso, hay partes reales y partes inventadas y versan sobre diferentes temas como el trabajo, su historia personal, historial médico, su edad, profesión, estilo de vida, biografía de sus padres...

Causas:

* Necesidad de tener una buena imagen de ellos mismos frente a los demás

* Personalidad frívola, superficial, generalmente extrovertida

* Necesidad de ser el centro de atención, de aprobación y admiración

* Baja autoestima, pues no se aceptan tal y como son 

* Familia en la que la posición o prestigio social es muy importante o también esconder secretos. 


Recomendaciones:

Generalmente el mitómano no reconoce su problema por lo que difícilmente consultará con un psicólogo. Suele ser la familia quien fuerza dicha consulta. 

Entre las pautas que se pueden seguir tenemos;

* Evitar una situación de enfrentamiento o conflicto. Hacerle ver que tiene un problema y que su credibilidad y prestigio social son negativos, justamente al contrario de lo que pretende.

* Dar pautas de realidad, es decir, destacar sus mentiras desmontando su discurso y contando la realidad de los hechos.

* Si no está dispuesto a pedir ayuda, y no forma parte de su familia, lo mejor es alejarse del mitómano. Tarde o temprano puede incluirnos en sus mentiras causándonos problemas con otras personas.

* No escuchar sus chismes acerca de otras personas cortará sus mentiras. 

* Acudir cuanto antes a terapia psicológica. La mitomanía no remite si quien la sufre no reconoce su problema y busca ayuda profesional. 

sábado, 30 de enero de 2016

AFRONTAR LOS CONFLICTOS FAMILIARES






Los conflictos familiares suelen ser fuente de problemas tanto a nivel individual como, especialmente, a nivel de pareja. Es muy frecuente que en terapia de pareja aparezcan como serias dificultades las relaciones con las familias, tanto la propia como la de la pareja y es necesario aprender a afrontar estos conflictos para evitar que nos afecten más allá de lo razonable.

¿Por qué ocurre así?

La mayoría de las veces, entran en juego historias pasadas, conflictos no resueltos a nivel familiar, que hacen que, de alguna manera, exista en rencor y el prejuicio hacia determinados miembros de la familia. (“No acudió cuando estuve enferm@”, “No se ocupó de los padres”….)

 Aparecen patrones de conducta repetitivos en el pasado, que hacen que cada vez se toleren menos situaciones que, en sí mismas, no serían tan graves, pero que la repetición hace que acaben siéndolo (“siempre se mete en nuestros asuntos”, “siempre está hablando con indirectas de forma negativa”….)

Otras veces, existe la presión del grupo familiar para callar, para tolerar, lo que hace que se acumulen esos sentimientos de rencor y las relaciones acaben siendo falsamente cordiales e incluso, tóxicas. (“no le demos un disgusto al/a la abuelo/a”, “no merece la pena discutir”, “qué trabajo te cuesta ceder”….)

También existen conflictos provocados por problemas de relación de pareja, apareciendo la venganza o la dominación. Por ejemplo, en situaciones de dependencia emocional o de dominio de un miembro de la pareja sobre otro, se intenta manipular a situación para alejar a la pareja de su familia, poniendo todo tipo de trabas a la celebración con la familia política, fomentando la propia.

Razones, no suelen faltar cuando se trata de conflictos en las relaciones, pero lo importante es saber cómo manejarlos.

¿Qué podemos hacer para afrontar los conflictos familiares?

Lo más importante es asumir que es difícil encajar personas diferentes, de ambientes  y educación diferentes, que es lo que suele pasar cuando se mezclan familias. No necesariamente hay que estar de acuerdo en todo y, de hecho, hay que aceptar el desacuerdo.

Todos somos educados en nuestras familias con sus valores, sus rutinas y su forma de entender las relaciones. No tiene por qué haber, necesariamente, un modelo “correcto”, y hay que aceptar esas diferencias.

El objetivo nunca debe ser “ganar”, porque en cuestiones familiares, los conflictos nos convierten a todos en perdedores cuando se convierten en una competición.

La empatía es una cualidad imprescindible en las relaciones humanas. Ponernos en el lugar de los demás, nos facilitará entender cómo se sienten. Si para nosotros es importante estar con nuestros padres y hermanos, y estamos dispuestos a tolerar discrepancias, seguro que para nuestra pareja también es importante.

Poner límites desde el principio, suele ser un buen sistema. No esperemos a que pase el tiempo y hablemos, desde la tranquilidad del respeto, acerca de lo que nos molesta para que todos podamos aprender a relacionarnos civilizadamente.

No es sano estar a la defensiva y pendiente de todo cuanto dicen o hacen los demás. Todos cometemos errores y, con frecuencia, se producen errores en la comunicación porque lo que se interpreta no es lo que se pretendió hacer o decir.

No olvidemos hablar en primera persona. No es lo mismo decir “no te has preocupado por cómo estaba cuando estaba enfermo” que “me ha dolido que no me llamaras porque yo esperaba que  lo hicieras”. La primera afirmación es más acusatoria y puede ser rebatida y la segunda expresa mis sentimientos y nadie puede discutir cómo me siento.


Finalmente, si consideramos que aún así las relaciones están tan viciadas que no podremos tolerarlas, es mejor evitar ese contacto pero jamás usando el chantaje ni obligando a elegir a la pareja. Simplemente, aceptar que para todos es mejor que nos mantengamos al margen de reuniones familiares, pero facilitando que nuestra pareja siga relacionándose con aquellos a quienes quiere. 

sábado, 9 de enero de 2016

PROPÓSITOS DEL AÑO NUEVO ¿CÓMO CUMPLIRLOS?








Cada año por estas fechas, la mayoría de nosotros siente el cierre de una etapa y el comienzo de otra. Por ello, aparecen los propósitos de año nuevo para sentir esa renovación y poder hacer que nuestra vida sea mejor.

¿En qué consisten esos propósitos?
Suelen ser objetivos para modificar nuestra vida y conseguir tener más éxito personal, social o laboral. No es un propósito simplemente ideas generales como “ser mejor persona” o “cambiar”.

Hacer ejercicio, dejar de fumar, adelgazar, aprender idiomas, iniciar estudios…son, probablemente, los propósitos más comunes. Pero esto, que comienza con la firme intención de ser cumplido, se va diluyendo durante los primeros días de enero.

¿Por qué se diluyen?
Básicamente porque no se trata de propósitos realizados con una motivación personal, es decir, se hacen, en ocasiones, por sugerencias de otros, bien laborales, familiares o sociales y porque los objetivos no se han marcado de forma realista y estructurada y están mal definidos, siendo demasiado ambiciosos o generales.

También hay que considerar variables de personalidad que hacen que nos cueste más mantenernos firmes y trabajando día a día. Es lo que llamamos “fuerza de voluntad”


 ¿Cómo podemos ayudarnos a cumplir los propósitos?

·         De toda tu lista de propósitos, céntrate en uno solo. Elige aquel que sea más importante para ti. No sirve el objetivo que nos venga impuesto por parte de la familia, ni de amigos ni tan siquiera de los médicos. Es preciso que sea NUESTRO objetivo. Cuantos más propósitos tengamos, más dificultad para cumplirlos.
·         Defínelo de forma concreta y realista. No es lo mismo “voy a hacer ejercicio” que “lunes, miércoles y viernes, iré al gimnasio de 8 a 9 h.”
·         No te pongas metas radicales. Es mejor “reduciré el consumo de dulces a uno a la semana” que “nunca más comeré dulces”
·         Fracciona tu objetivo en metas diarias o semanales. Es mejor subir la escalera peldaño a peldaño. Mejor “esta semana tengo que bajar peso” que “tengo que perder 20 kg este año”
·         Comenta a tus familiares y amigos tu propósito. Ellos te ayudarán a conseguirlo y tal vez alguien se una a ti, fomentando la posibilidad de lograrlo.
·         Hazte un calendario y ponlo en un lugar visible, tachando los días en azul, cuando logres cumplir el objetivo diario.
·         Felicítate por los logros conseguidos. Por ejemplo, date un pequeño capricho cuando hayas conseguido estudiar el tema que te habías propuesto.

¡Feliz Año Nuevo a todos y que los propósitos de todos se cumplan!



miércoles, 23 de diciembre de 2015

CUÁNDO Y CÓMO HABLARLES A LOS NIÑOS DE PAPÁ NOEL O LOS REYES MAGOS







La ilusión que mantenemos en los niños acerca de Papá Noel o los Reyes Magos no tiene por qué terminar cuando conocen la realidad.

¿Cuándo es el mejor momento de hablar de esto?

Siempre que ellos pregunten o manifiesten sus dudas, especialmente a partir de los 6-7 años, hay que responder con sinceridad. No hay que adelantarse pero sí responder a sus preguntas. En el momento en que surgen las dudas, si continuamos con la mentira, conseguiremos que dejen de confiar en nosotros.

La edad habitual para que pregunten va de 7 a 9 años. Si a los 9 años no comentan nada, es bueno sacar el tema porque seguramente lo saben y no quieren decirlo o, peor aún, se trataría de uno de los pocos niños de su edad que no lo saben, pudiendo ser objeto de burlas por parte de sus compañeros.

¿Cómo hacerlo?

Cuando pregunten, iniciamos la conversación devolviéndoles la pregunta. “¿Tú qué crees?” De este modo, sabremos qué información tienen. Si sus dudas son acerca de que Papá Noel, Santa Claus o los Reyes Magos no pueden llegar a todas partes y tienen entre 6 y 7 años, se les puede explicar que tienen razón y que por eso les piden a los padres que les ayuden, dejando ellos mismos los regalos. Si son más mayores, entonces se les puede decir que no se trata de una mentira sino de una tradición, un cuento que se les explica a todos los niños para mantener su ilusión.

Probablemente aprovecharán para manifestar también sus dudas, por ejemplo, sobre el Ratoncito Pérez o el Hada de los Dientes y así se les aclara todo de una vez.

No hay que sentirse mal por explicarlo. La ilusión se mantiene de muchos modos. No hay que olvidar que aún así será un día muy especial para ellos porque tendrán regalos. Sólo hay que evitar que ellos sepan qué regalo tendrán en ese día y seguir la tradición de dejarlos durante la noche. Esa ilusión no debería perderse tampoco de adultos!


Feliz Navidad a todos y que Papá Noel, Santa Claus o Los Reyes Magos sean generosos con grandes y pequeños. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

RESILIENCIA: CRECER CON LAS ADVERSIDADES








La vida es un camino que jamás tiene posibilidad de recorrerse hacia atrás y que, como en todos los caminos, hay tramos fáciles, agradables, divertidos y otros en los que aparecen dificultades, cuestas, hoyos, tropiezos... La gestión de estas adversidades es las que marcará la diferencia tanto en nuestro estado de ánimo como en nuestro crecimiento personal.

Las rupturas, los desengaños, las traiciones, los fracasos, los errores, las enfermedades, el dolor, el sufrimiento...está tan presentes a lo largo de nuestra vida como los triunfos, los éxitos, la felicidad, el amor y el bienestar. Ante esos momentos negativos, tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentirnos fracasados, permitiendo que sólo nos sirvan para sufrir o adoptar una postura de análisis, reconocimiento de errores y sobreponernos para que esos acontecimientos nos sirvan para aprender y fortalecernos.

La resiliencia es la capacidad de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponernos a ellas y también afrontar situaciones traumáticas o de crisis con el fin de salir más fuertes de ellas. Esta cualidad es algo que podemos aprender y merece la pena intentarlo por los muchos beneficios que tiene. 

Recomendaciones:

* Conocerse bien y ser consciente de las propias limitaciones y de los puntos fuertes. Esto permite que afrontemos objetivos alcanzables, según nuestras capacidades, fomentando así la sensación de éxito. 

* Tener muy claros los objetivos y analizar los medios y los pasos a seguir para alcanzarlos. A veces es necesario pedir ayuda, pero nunca hay que perder de vista cuál es nuestro propósito.

* Ante cualquier problema, centrarse en diferentes soluciones y no quedarse sólo con el problema. Cuantas más opciones de solución veamos, más probable será que una de ellas funcione. Quedarse parado con el contratiempo será como si al caernos, nos quedásemos en el suelo lamentándonos en vez de ver la manera de levantarnos.

* Cuando aparece el error o las cosas no salen como esperábamos, hay que preguntarse qué ha pasado, analizar los pasos que seguimos para aprender de esos errores. No hay nada malo en equivocarse. Lo que es absurdo es cometer los mismos errores una y otra vez. Las personas inteligentes no son las que no cometen equivocaciones, sino las que aprenden de ellas.

* Mantener una actitud positiva, que no es lo mismo que fantasiosa. Hay que ser realista pero no ver el futuro como algo negativo. Si una relación salió mal, no hay que pensar que todas saldrán igual, sino pensar que la próxima vez, lo haremos mejor porque ya hemos aprendido de los errores.

* Evitar a toda costa las personas tóxicas porque su negatividad no sólo no nos ayudará sino que probablemente acabarán por restarnos energías, desviarnos de nuestro objetivo y contaminarnos.

* Afrontar los cambios no con miedo o con recelo, sino como nuevas oportunidades de aprendizaje. La adaptación y la flexibilidad son buenas aliadas.

* Ser comprensivos con los demás y con nosotros mismos. Si te has caído, no tiene sentido enfadarse. A veces hay que reírse de uno mismo también.

* Cuidar el lenguaje y el pensamiento. Evitar a toda costa las etiquetas negativas. No "soy tonto", simplemente "me equivoqué". No "soy un/a fracasado/a", sólo "esto no salió como esperaba"

Dar la vuelta a la tortilla hará que en vez de lamentarnos del lado que se quemó, aprovechemos para descubrir que el otro lado está perfecto.






viernes, 12 de junio de 2015

UNA RECETA DE LA FELICIDAD






Si hay algo que todos buscamos a lo largo de la vida, es la felicidad. El problema no es sólo cómo encontrarla. El auténtico problema, en sí mismo, es definir qué es la felicidad.

Podemos considerar que es un estado de bienestar, de satisfacción vital. Ahora bien, cada uno de nosotros tiene su propia concepción de lo que necesita para sentirse bien. Por lo tanto, hay muchas recetas para la felicidad en función de cuál es nuestra idea de lo que necesitamos para ser felices.

Cuando colocamos la felicidad en cosas ajenas, cuya consecución no siempre depende de nosotros mismos, estamos condenados al fracaso. Es el caso del dinero, la suerte, el amor de una persona, el éxito social, el poder... Sin embargo, aquella persona que se siente feliz por el hecho de estar viva, por ver la luz del Sol, por contemplar un aterdecer o por poder sonreir, tiene su felicidad asegurada.

Vaya, entonces, esta receta para la ser más felices:

* Dale valor a lo que tienes, no a lo que te falta. Siempre hay muchas más cosas que nos faltan que cosas que tenemos, por lo que valorar lo que está en nuestra vida, nos proporcionará sensación de bienestar.

* Aprecia esas cosas que, sin costar dinero, tienen un incalculable valor, como la sonrisa de tu hijo, la salud, el cariño de un amigo, una mirada o un gesto amable, un agradecimiento...

* Acéptate tal como eres, quiérete y respétate. Esto implica no agredirte ni físicamente (malos hábitos, por ejemplo) ni psicológicamente (menospreciándote). No significa que no intentes crecer. Al contrario. Quererse supone saber aquellos puntos débiles que tienes y en vez de castigarte por ellos, tratar de superarlos.

* Lo material es sólo pasajero. Las cosas se tienen y se pueden perder. Las personas van y vienen, pero tú vivirás contigo el resto de tu vida. Si no estás en paz contigo, no serás feliz.

* No intentes cambiar a los demás. Acéptalos como son o déjalos marchar. Tampoco permitas que tu vida la dirijan otros. No vales más porque los demás te acepten o así lo crean. Por el hecho de ser una persona, ya vales mucho.

* Si lo que haces no te hace feliz, cambia lo que haces o cambia la forma de hacerlo. A veces es sólo cuestión de perspectiva.

* No te plantees la vida como una competición. Tú tienes tu camino y no es una calle de una pista de atletismo.

* Estar pendiente de la vida de los demás impide que vivas la tuya.

* Coloca el trabajo en su lugar, dale su tiempo y espacio y no permitas que invada el tiempo y el espacio que te dedicas a ti, tu familia y amigos.

* Las personas tóxicas te contaminan con su negatividad. Huye de ellas.

* Los vampiros emocionales te chupan tu energía. Mucho mejor, lejos.

* Ayudar a los demás es gratificante, pero dosifica esa ayuda o acabarás por cargarte con los problemas de otras personas.


Todo esto, unido a una actitud positiva en la vida, hará que, seguro, tu bienestar mejore. No es más feliz quien más tiene, sino quien es feliz con lo que tiene.


Carmen García Olid